Escribo estas líneas con mucho duelo, con el alma rota, y con el dolor de alguien que siente cómo se ha quemado una parte de sí mismo. Sé que este sentimiento es compartido por cientos, o quizás miles de personas en estos momentos. También sé, que por mucho que me esfuerce no encontraré las palabras para describir lo que se siente al ver a la “Bestia” devorando nuestro territorio, destruyendo nuestros recuerdos y amenazando nuestros pueblos. Es una sensación devastadora, y por eso no me voy a extender más en un análisis sentimental.
La intención de estas líneas es aportar un punto de vista diferente, que por alguna razón que más tarde se entenderá, no acaba de hacerse hueco entre las toneladas de información que nos vuelcan a diario los medios de comunicación y los diferentes actores del escenario político. Los cuáles, se están dedicando cada uno a barrer el rellano de su escalera.
Por eso creo, que es importante hacer una parada para pensar sobre todos los acontecimientos que se están dando como causa y consecuencia del Gran Incendio Forestal (GIF) de las Peñas de Riglos.
Desde luego la mía, es sólo una reflexión más. Seguramente estará lejos de ser la más acertada, pero pienso que poner sobre la mesa ciertos conceptos, ideas y perspectivas puede ayudar a ordenar nuestro pensamiento – algo tan difícil hoy en día – para ir un poco más allá de la barrera informativa impuesta por los medios de comunicación y los partidos políticos.
Por presentarme brevemente ante las personas que sigan leyendo, diré que soy bombero de uno de los servicios que han estado trabajando en el GIF de las Peñas de Riglos. No voy a decir el nombre de la administración para la que trabajo porque no creo que sea relevante. Antes de ser bombero he sido bombero forestal, y he trabajado durante varios años tanto en una brigada helitransportada como en una cuadrilla terrestre. Además, vivo desde hace muchos años en uno de los pueblos afectados por el incendio. No pretendo con esto darme mayor credibilidad o prioridad de opinión, sino aclarar, que la reflexión que estoy tratando de volcar no la hago desde el desconocimiento de un despacho, ni desde una ciudad lejana, ni tampoco son las palabras de alguien que no sabe de lo que habla. Creo esta opinión es igual de válida que la de cualquier persona que vive y trabaja en los pueblos. Intento volcar mi reflexión con honradez, arriesgándome a cometer errores o estar equivocado.
¿Por qué ha ocurrido? ¿no se podía haber evitado? ¿quién es culpable? ¿qué hacemos para que no vuelva a ocurrir? ¿por qué no se pueden apagar antes estos incendios?
Estas preguntas se han repetido también durante este año 2026 tras los incendios de Ávila y Madrid, Guadalajara, Los Gallardos o la Vall d’Uxo entre otros. El mes de Julio acababa con mas de 140.000 hectáreas en España y cerca de 100.000 personas evacuadas. Nuestra tierra, Aragón, ha perdido cerca de 45.000 hectáreas hasta el 15 de agosto.
Una de las cosas más tristes, es que estas preguntas también se hicieron en los veranos del 2025, 2024, 2023… Después, cuando llegó el otoño, se enterraron bajo nuevos temas de actualidad. Nos seguiremos haciendo estas preguntas una y otra vez, en un bucle infinito cada año, hasta que no existan esfuerzos reales para abordar el problema en lugar de instrumentalizar los incendios, y seguir utilizándolos como una herramienta partidista para la campaña de verano en la política estatal o autonómica. Es habitual ver como rápidamente, tras cada catástrofe, comienza la lluvia informativa, la batalla política, el ruido ensordecedor que no deja pensar y que nos trata de vender inmediatamente opiniones prefabricadas sobre lo ocurrido para ir ganando terreno, maquillar la imagen o dañar adversarios con propaganda política.
Vemos como ejemplo, el caso de Carmen Herrarte, directora general de Comercio, Ferias y Artesanía del Gobierno de Aragón, la cuál aprovecha la catástrofe de una forma repugnante, para culpar a los inmigrantes y el proceso de regularización impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Por el otro lado, vemos como algunas corrientes influidas por ciertos partidos de la oposición, no pierden la oportunidad de apuntar como máximos responsables de lo ocurrido a Azcón y Nolasco, como si con otros dirigentes políticos se hubiera evitado la catástrofe.
Ese es sólo un ejemplo del ruido sobre el que trato de advertir, el que nos envenena, el que nos impide pensar por nosotros mismos, el que cubre con una cortina de humo la verdadera problemática llevándose el debate unicamente al terreno de la política parlamentaria y la solución institucional. Alejando así, la posibilidad de reflexión a la población y procurando sugerir lo que tenemos que pensar. Ese es el ruido tóxico que acaba dividiendo y enfrentando a la gente con oportunismo y electoralismo.
No deja de ser paradójico cómo este ruido, aparece tras haber vivido durante el devastador incendio un clima social y humano muy diferente; el de la solidaridad, el apoyo mutuo y la cooperación entre los diferentes pueblos, edades, oficios, sectores y pensamientos. Durante el incendio vimos a cientos de personas de fuera de los valles afectados, acudiendo con motosierras, desbrozadoras o con sus propias manos a las llamadas de auxilio de los pueblos, sin preguntar por color político, origen u opiniones. Vimos a agricultores movilizando todos sus recursos para hacer cortafuegos, abrir trochas, apagar llamas desde las cubas o rellenar camiones de bomberos. Vimos a esos bomberos y bomberas forestales, a pesar de sus penosas condiciones laborales, arriesgándose una vez más ante la bestia más grande que ha mordido Aragón. Con sus caras negras, sus ojos rojos, su tos seca, y la tristeza que cargan impotentes a sus espaldas ante semejante desastre. Vimos a los vecinos y vecinas de los pueblos, perdiendo el culo para atender a cada persona que allí se encontraba. Refrescos, cafés, comida… Lo que hiciera falta para mitigar el esfuerzo y el cansancio venía de las manos y de las casas humildes de los más afectados. Las puertas de los pueblos cercanos se abrieron para acoger a las personas evacuadas y darles fuerza y refugio. También vimos a los soldados sin armas, los de la UME, movilizados de nuevo para enfrentar, ahora sí, a un enemigo real del pueblo español. Para ayudar verdaderamente a un país. Estoy seguro de que todos lamentamos profundamente el fallecimiento de uno de sus miembros.
Que intenciones existen, para que tras los ejemplos de humanidad, de respeto y de cooperación que se dan en una catástrofe, la respuesta de nuestros supuestos representantes políticos y medios de comunicación consista en comenzar una nueva batalla, disolviendo nuestra unión y volviendo a enfrentarnos. No vaya a ser que nos entendamos sin ellos…
Al hilo de ese ruido mediático y del oportunismo político, creo que es importante tratar de percibir cómo éste va creando tendencias generales de pensamiento, basadas como decía antes, en ideas superficiales y prefabricadas. Nombro a continuación algunos ejemplos que se dan como tendencias habituales para responder las preguntas que más arriba formulaba en relación con los incendios. Seguro que hemos oído personas que niegan la catástrofe, diciendo que “incendios ha habido siempre”, otras que disparan toda o gran parte de la responsabilidad contra los “ecologístas” y los Agentes de Protección de la Naturaleza (APN), ya “que por su culpa no puedes cortar ni un árbol en las lindes de los campos”, otros atacan a los agricultores “porque la mayoría de los incendios los provocan ellos”. Para otros la causa es la despoblación, también hay quien señala a Franco y sus repoblaciones masivas de pino. Otros hablan de la “falta de trabajos de prevención o quemas controladas durante el invierno”, la “falta de medios y las malas condiciones de los trabajadores forestales”, “la privatización de la gestión forestal”, “la ausencia de ganadería extensiva”, “el cambio climático”, “los pirómanos”, la quema que busca “la recalificación de los terrenos para construcción”, etc.
Voy a tratar de no entrar a analizar al detalle o juzgar cada una de esas opiniones, pues cuando he intentado en conversaciones con personas de mi alrededor discutir sobre algunas de ellas o relativizarlas como “única causa principal de los incendios” me he encontrado muchas veces con una reacción defensiva, incluso algo agresiva si su punto de vista se ve cuestionado. Esta reacción, creo que es otro de los síntomas de las personas ante ese ruido mediático ensordecedor. Esa demagogia con la que nos inundan los medios y las redes sociales en forma de opiniones, trata de despertar el odio mas visceral y una repulsa emocional hacia otras posiciones y puntos de vista en lugar de ayudar a desarrollar razonamientos lógicos, impidiendo así, la posibilidad de un debate sano y objetivo, y estableciendo posturas rígidas y enemistadas, antes incluso de escuchar otras opiniones.
Quiero aclarar, para no caer en malos entendidos, que algunas de esas tendencias o puntos de vista que he nombrado como ejemplo, están construidos sobre una parte de realidad. Y creo que todas ellas pueden incluso apoyarse en algunos datos o información real. Algunas de ellas las considero factores reales que han contribuido a crear las condiciones actuales que favorecen el rápido desarrollo de GIF’s y el aumento de los incendios. Pero ninguna de ellas es por sí sola la causa de todos los incendios, ni resolverla de forma aislada acabaría con el problema. Lo que ocurre es que esos datos o información se transmiten con intención y sesgo político, buscando ser la “única verdad”, para embaucar a los votantes con la “única” solución al problema, y para esconder otras realidades que no interesa mostrar. Esas fórmulas de desinformación crean dogmatismo, borreguismo e ignorancia sobre la población.
Creo pues, que son muchos los factores que han configurado hasta hoy esas condiciones que favorecen el desarrollo de incendios, y todos ellos hay que tenerlos en cuenta para hacer un análisis correcto. Desde luego, es cierto que la despoblación implica directamente un abandono del cuidado del monte, y aumenta el tiempo de reacción de la población rural ante un incendio incipiente. El fin de las talas para calefacción, la ausencia de ganado, el abandono de los campos de cultivo y otras causas han hecho que este factor sea muy determinante, como ya se ha descrito años atrás por profesionales del sector, clasificando los incendios en diferentes generaciones. Por otro lado, también es cierto que gran parte de los incendios en verano son producidos por cosechadoras y empacadoras a las que corresponde su actividad durante el periodo estival. El cambio climático se convierte sin duda en otro factor importante, ya que nos encontramos con veranos de temperaturas medias muy altas y apenas lluvias, convirtiendo masas forestales de naturaleza húmeda y continental en auténticos polvorines. Diferentes normativas y leyes estatales y europeas han tratado desde sus despachos sobreproteger algunos espacios naturales, convirtiéndolos para mucha gente en simples decorados y rompiendo la relación histórica y la simbiosis entre humanos y paisaje. La privatización de la gestión forestal es otro factor que no sirve a las necesidades de los pueblos y de los montes, sino del beneficio, los concursos, las subvenciones y la economía de mercado, creando consecuencias tanto para nuestros paisajes como para las condiciones laborales de nuestros bomberos y bomberas forestales. Una de estas consecuencias es la falta trabajos selvícolas (de prevención) en invierno, como limpieza, aclarados y podas que han derivado en bosques masificados con excesos de leña seca acumulada. Las repoblaciones de pinos entre los años 40’ y 70’ fueron la primera fase de una planificación que no llegó a terminarse, dejando cerca de tres millones de hectáreas de pino de repoblación en los montes, que han contribuido en gran medida a la propagación de muchos incendios. Además de chupar gran cantidad del agua del suelo por su rápido crecimiento, dejan mucha acumulación de hojarrasca (acículas) creando capas gruesas y secas en el suelo que actúan como combustible para fuegos de superficie.
Decía antes, que no iba a entrar a analizar en profundidad cada uno de estos factores. Lo primero porque no estoy capacitado para hacerlo, y mucho menos aún para encontrar soluciones. Creo que la responsabilidad de encontrar soluciones es colectiva, y tiene que estar liderada por los expertos y profesionales de las diferentes materias. Lo segundo, porque lo que me gustaría señalar con esta reflexión es la verdadera raíz de los problemas, y no las causas inmediatas de los incendios ni las posibles formas de resolverlo. Creo que a continuación se me entenderá lo que quiero decir.
En nuestro territorio hay grandes profesionales, técnicos y expertos que trabajan con muy buenas intenciones y mejor criterio en muchos de los sectores pertinentes; meteorología, ecología, ingeniería forestal y agronómica, biodiversidad, lucha contra incendios, geografía y sociología rural, etc. Como he dicho, creo que la búsqueda de soluciones técnicas y científicas les corresponde a los expertos de cada materia sobre el terreno, y si las formas políticas actuales no lo impidieran, podrían coordinarse los diferentes campos y ciencias para generar una visión más amplia y holística de la realidad y encontrar soluciones de forma colectiva, ya que muchos de los factores que contribuyen a los incendios están directamente entrelazados. Analizarlos y buscar soluciones de forma separada no aporta mas que confusión y enfrentamiento.
Ahora sí, voy a tratar de orientar el final de mi reflexión. Cuando hablo de buscar la raíz de los problemas me arriesgo a parecer enrevesado, pero es necesario hacer este ejercicio para forzar el pensamiento y romper las barreras de opinión y conciencia que nos han impuesto. También creo, que a veces, cuando se trata de buscar el “orígen” de los problemas, podemos caer en bucear demasiado profundo, perdiéndonos en teorías filosóficas y poco realistas. Pero sinceramente, a estas alturas, me extrañaría si sorprende a alguien que cuando hablamos de la raíz de los problemas, hablemos de nuestro sistema económico: El capitalismo.
Durante esta última etapa de la historia, la población ha sido capaz de adquirir algo más de conciencia sobre lo que significa realmente el capitalismo. Pues estamos viendo más que nunca, como nuestro sistema económico nos dirige poco a poco como sociedad, y como planeta, hacia el borde de un abismo. Voy a intentar ser breve en esta parte para no perder el hilo.
El capitalismo es un sistema económico y social impulsado por el lucro privado, la acumulación constante de capital y la mercantilización de la vida, donde las relaciones humanas se subordinan a la lógica del mercado y la ganancia. La paradoja principal es que el capitalismo necesita un crecimiento económico continuo e ilimitado (en un planeta con recursos limitados) para mantener sus tasas de ganancias, y el resto de aspectos de la economía, la sociedad, la vida o el medio natural que se quedan fuera de esta lógica no son tenidos en cuenta o lo son, como aspectos secundarios o accidentales.
Si acercamos la lupa sobre la mayoría de los factores que configuran la realidad de los incendios en nuestro territorio, nos encontraremos inevitablemente con esta lógica capitalista. Trato de explicarme a continuación.
Una de las principales causas señaladas como factor que favorece el desarrollo de los incendios es la despoblación. Es una consecuencia directa del capitalismo, el cual tiende a concentrar capital, trabajo, mano de obra barata e infraestructuras en ciudades y áreas metropolitanas: economías de aglomeración, industria, servicios, ocio, etc. Los servicios públicos se recortan en las zonas rurales (escuelas, sanidad, transportes) ya que dejan de ser esenciales para la economía del mercado, fomentando así la migración a las ciudades y perdiendo el campo su importancia económica y social. Este fenómeno, a su vez alimenta el abandono agrario , ganadero y forestal; menos pastoreo, menos extracción de leña, menos cultivos que fragmentan la continuidad de masa forestal perdiendo el paisaje mosaico, acumulación de biomasa, cambios de uso, etc. Todos ellos factores de abandono que contribuyen a los incendios.
Además, el modelo de agricultura y ganadería ha cambiado durante las últimas décadas. Las formas tradicionales de agricultura y ganadería son menos rentables en mercados globalizados, tienen que competir con la producción industrial, las importaciones que presionan los precios bajos, dependencia de insumos, deuda, etc. Las políticas públicas por el contrario, favorecen las grandes explotaciones, la mecanización, los monocultivos y expulsan la mano de obra rural.
Como resultado vemos como en Aragón se destina la mayor parte de tierra agrícola para la producción de cereal y otros alimentos para ganado y granjas, creando mantos inmensos de material combustible, la contaminación del paisaje y de los acuíferos por la excesiva proliferación de granjas industriales y sus residuos, la desecación de los suelos y el consumo de las reservas de agua para los grandes regadíos. Pocos son los bolsillos que se llenan con estas actividades, pero muchos los que pagamos sus consecuencias.
Los pequeños y medianos agricultores sin embargo, no son culpables de este fenómeno como se suele señalar, sino víctimas, al igual que el resto. Han tenido que adaptar sin remedio su trabajo, sus campos y sus herramientas a las necesidades del mercado globalizado para poder vivir, viendo además, como la propiedad de la tierra se concentra y las pequeñas explotaciones tienen cada vez más dificultades para competir.
Las zonas rurales y el campo han quedado relegadas a ser meros proveedores de materias primas, energía, agua o turismo. Y la importancia que pueden llegar a adquirir es directamente proporcional a la trascendencia que tienen para los diferentes mercados.
No olvidemos, que el punto de inicio del incendio de las Peñas de Riglos, fueron las obras de la
carretera A-132. Tras dos meses y medio sin llover y temperaturas medias superiores a treinta grados durante todo el verano, las obras no dejaron tregua a los trabajadores ni al monte, necesitan acabar lo antes posible, pues de ello depende el beneficio generado por el turismo. Estas obras tienen como objetivo hacer más fluido el tráfico y aliviar los embotellamientos generados en la A-23/N-330 durante las temporadas altas en el pirineo. El modelo económico impuesto al pirineo aragonés es el del turismo de masas, convirtiendo el paisaje, la naturaleza y el patrimonio en mercancía, buscando nuevas fuentes de beneficio ante la crisis del medio rural, atrayendo inversión y capital externo y generando competencia entre comarcas y municipios que pelean por atraer visitantes, inversiones y subvenciones. Abandonando o debilitando otros sectores productivos tradicionales y reforzando la lógica del marketing territorial típica del capitalismo.
Como último ejemplo, tomare el caso de los bomberos y bomberas forestales de Aragón, quienes sufren al igual que otros sectores de la clase trabajadora la precariedad laboral y el abandono institucional a causa de las relaciones entre capital y trabajo, marcadas por la lógica capitalista del máximo beneficio al menor coste. Este abandono supone una muestra clara del poco interés que existe en erradicar la lacra de los incendios, dañando, denigrando e invisibilizando al dispositivo que se encarga de su prevención y extinción.
En Aragón, como en parte del Estado español, el operativo de extinción de incendios forestales
depende en buena medida de empresas semi-públicas, contratas, externalización y refuerzos estacionales. Otro ejemplo claro de cómo el modelo capitalista abre la puerta a los mercados para obtener beneficio a costa de lo público. Una vez más, las consecuencias las pagamos todos, pues tenemos un dispositivo contra incendios forestales precario, donde los bomberos y bomberas sufren jornadas largas con pocas horas de descanso, sueldos lamentables que no tienen en cuenta la nocturnidad, disponibilidad permanente, la peligrosidad o la especialización del trabajo. Existe falta de recursos, medios y equipos. La inversión en prevención y en infraestructuras de defensa suele ser insuficiente, e incluso es habitual durante las campañas que no se llegue a cubrir todas la cuadrillas al completo.
Las condiciones de los bomberos forestales influyen directamente en la capacidad de prevenir y extinguir incendios. En la lógica capitalista, los servicios públicos se evalúan por su coste económico, no por su valor social o ecológico. La prevención de los incendios no genera beneficios inmediatos y por eso se recorta o se externaliza. Solo se invierte de forma visible cuando el fuego amenaza infraestructuras turísticas, urbanizaciones o zonas de interés económico.
Así pues, no voy a poner más ejemplos porque creo que se ve claro lo que pretendo transmitir. El capitalismo infecta todos los rincones de nuestra sociedad. Y es el modelo económico de una sociedad, el que configura su existencia, su ideología, sus relaciones y su progreso. Da igual donde miremos, pues si lo hacemos con atención y con criterio, veremos como detrás de la mayor parte de las problemáticas se encuentra la misma raíz. Podemos observarlo en los problemas de la juventud, en la problemática de la migración, la sanidad, las pensiones, la vivienda, la educación, el medio ambiente, el cambio climático, las guerras, la sexualización de la mujer, la explotación laboral, la desigualdad social y la pobreza, la alimentación, los recursos, etc.
En toda esta lógica capitalista el estado actúa como facilitador, invirtiendo en las infraestructuras necesarias para el capitalismo, haciendo promoción de sus menesteres, ocultando sus consecuencias, ayudando a sus impulsores, protegiendo sus intereses, descomponiendo la sociedad y el territorio.
Por esta razón, la buena voluntad de las personas que trabajan en cada uno de los sectores intentando aplicar conocimientos que reviertan en mejoras para la sociedad o el territorio, no es suficiente. Si las fuerzas sociales no empujan hacia un cambio de sistema económico, cualquier medida basada en cuestiones técnicas o presupuestarias será un simple parche temporal. No quiero decir con esto que haya que olvidar esas formas de hacer presión y buscar cambios. Pero esas formas de lucha, por sí solas, se quedan aisladas de una solución completa y anuladas por las formas políticas actuales.
Por tratar de transferir esto al tema de los incendios; las políticas contra incendios no pueden limitarse a apagar fuegos, necesitan devolver la viabilidad económica y social al medio rural, replantearse el papel de lo rural frente a lo urbano, sustituir la economía de la vida frente a la economía de los mercados. Y eso, inevitablemente pasa por un debilitamiento del sistema económico capitalista y la búsqueda de alternativas.
Como decía, en cualquiera de los sectores y problemáticas sociales encontraremos los mismos patrones de funcionamiento capitalistas. La búsqueda de soluciones también encontrará los mismos obstáculos: la política institucional, el estado y el libre mercado. Estos obstáculos están siendo suficientes hasta ahora para quitarnos la esperanza y las ilusiones. Como sociedad hemos aceptado que el sistema es imposible de cambiar. Por ello, hemos acabado renunciando a luchar contra el capitalismo, aceptando el actual estado de las cosas. Resignándonos a buscar soluciones parciales pero inmediatas, cambios de gobierno, mejores condiciones laborales o alguien a quien echarle las culpas. Pero ¿hasta cuándo nos va a seguir valiendo huir hacia adelante? ¿acaso nos ha servido hasta ahora?
No pretendo decirle a la gente lo que tiene que pensar, y pido disculpas de antemano si alguna
personas la ha recibido así. Simplemente quiero llamar la atención sobre el hecho, de que el sistema capitalista es el responsable de la mayor parte de los males de nuestra sociedad. Muchísima gente se opone y lucha contra las problemáticas que genera, trata de buscar soluciones, y también intenta ayudar o proteger a otras personas de sus consecuencias. Es decir, muchísima gente lucha contra el capitalismo sin tener plena conciencia de ello. De hecho, en muchos lugares la subsistencia misma se ha convertido en una lucha contra el capitalismo.
Hay también gente que cree que “si no hubiera sistema capitalista habría otro peor”. Yo sinceramente, lo dudo… Pues si aprendiéramos como sociedad a superar nuestros errores, no sería para ir a peor, podríamos cometer otros, pero nunca para peor. No obstante, lo que sé, es que detrás de cada decisión, de cada puesto de responsabilidad, de cada uniforme, de cada pueblo o ciudad, de cada paso que damos como sociedad, se encuentran personas. Si vamos adquiriendo conciencia de cómo funciona realmente el mundo, de qué es el capitalismo, de cómo nos afecta, de cómo somos manipulados, de hacia dónde vamos y hacia dónde podríamos ir, seguramente podremos empezar a imaginar juntos modelos económicos y sociales mas justos, más naturales y más humanos.
Podremos afrontar de una manera más coherente cualquiera de las problemáticas y los obstáculos que nos encontremos. Para ello, necesitamos aprender a pensar de nuevo, no dejarnos engañar, mirar a las personas de nuestro alrededor como partes imprescindibles de nuestra sociedad, y a nuestro territorio como parte fundamental de nuestra existencia.
Los Grandes Incendios Forestales y todo lo que arrasan no sólo son accidentes. Son una radiografía
del sistema bajo el que vivimos, donde se pueden apreciar sus estructuras, sus articulaciones, sus prioridades, sus heridas y sus roturas. Si aprendemos a interpretar la lógica del capitalismo más allá
de las apariencias y sus efectos inmediatos, aprenderemos a sacarnos su veneno y volveremos a encontrar nuestro camino como sociedad.
Un abrazo fraternal a todas las personas que contribuyen de una u otra forma, a recordarnos durante las catástrofes y los tiempos difíciles que sigue existiendo la humanidad, la solidaridad y la esperanza. Esos momentos son una de las manifestaciones más hermosas y célebres del ser humano, y espero de veras que nos sirvan, aunque sea poco a poco, para ir construyendo el mundo donde realmente queremos vivir.
Héctor Gisbert Bernal
Secretario General del Comité Regional de CNT Aragón-Rioja



