Comunicado del CSA A Ixena, Columna Feminista de Teruel, CNT Teruel, CGT Teruel y la Asociación Africana en España de Teruel ante la convocatoria de concentración “en apoyo al pueblo de Ceuta”
Desde nuestras organizaciones, manifestamos nuestro rechazo frontal a la convocatoria realizada por parte del Ayuntamiento de Teruel “en apoyo al pueblo de Ceuta”, a la vez que queremos expresar nuestra solidaridad con dicha población, con quienes viven y trabajan allí, sufriendo incertidumbre y las consecuencias de esta crisis humanitaria.
Esta iniciativa no es inocente. Se produce en un contexto marcado por discursos que deshumanizan a personas migrantes y que las presentan como “invasoras”. Todo ello mientras se encuentran en una grave vulneración de sus derechos.
La llamada “invasión” es, en realidad, la llegada desesperada de personas que huyen de situaciones extremas. 141 de ellas murieron ahogadas en el mar agarrándose a juguetes infantiles hinchables. Muchas de ellas han sido enterradas sin identificar, con todo el dolor que eso supone para las familias y amigues que las estén buscando. Las que han logrado llegar, permanecen a la intemperie, duermen en el suelo, comen una sola vez al día y atraviesan un duelo colectivo mientras intentan subsistir en condiciones indignas. Todo ello sucede ante la absoluta falta de una respuesta digna, suficiente y coordinada por parte del Gobierno que garantice el bienestar de todas las personas.
A esta vulnerabilidad extrema se suma una escalada de violencia racista en el territorio: se incrementan las agresiones físicas y verbales, destrucción de las pocas pertenencias que estas personas conservan y una creciente normalización de discursos que las deshumanizan. Como ocurrió en El Ejido en el año 2000 o en Torre Pacheco en 2025, este tipo de violencia racista no son eventos puntuales, sino que, como señala la periodista y activista antirracista Youssef M. Ouled, “son sucesos que se repiten en el tiempo y que se sustentan en una ideología supremacista blanca, articulándose desde la organización vecinal contra el eslabón más débil y produciéndose ante la permisividad institucional. Son auténticos pogromos”
Por todo ello, nuestra solidaridad está también con las personas migrantes que permanecen en Ceuta, con las familias y amigues que han perdido a sus seres queridos, con quienes permanecen en Marruecos, en cualquier lugar del mundo, y con quienes viven situaciones tan insoportables que tienen que jugársela en busca de un futuro alternativo más digno. Nuestra solidaridad está a ambos lados de la frontera.
Queremos señalar la violencia sexual sistemática que experimentan las mujeres tanto en rutas migratorias como en zonas de frontera. Denunciamos que la extrema derecha está instrumentalizando estas agresiones para criminalizar a la población migrante, difundiendo bulos que señalan colectivamente a quienes han llegado a Ceuta. Los datos muestran otra realidad: la violencia sexual es ejercida por hombres de distinta procedencia, también autóctonos, mientras las víctimas son, una vez más, mujeres y niñas. El patriarcado no entiende de orígenes ni fronteras.
Precisamente porque todas estas vidas nos importan, rechazamos su instrumentalización política. PP y Vox y otros sectores de la extrema derecha pretenden convertir esta crisis en una reivindicación de las fronteras y de la unidad nacional construida frente a un enemigo exterior. Presentar colectivamente a miles de seres humanos como una amenaza deshumaniza y alimenta un clima de odio. Al mismo tiempo, el miedo vuelve a utilizarse para justificar más vigilancia, más control, militarización y un nuevo rearme material e ideológico del Estado y los poderes capitalistas.
Pero nuestra crítica no termina ahí. El PSOE y las fuerzas a su izquierda que han participado en los gobiernos de coalización -Podemos anteriormente y Sumar después- no han roto con el régimen fronterizo español, ni con el sistema económico que provoca migraciones, ni con las políticas migratorias de la Unión Europea. Existen diferencias evidentes con quienes hacen abiertamente de la xenofobia una bandera, pero nuestra alternativa no puede reducirse a gestionar de manera aparentemente más humana la misma Europa Fortaleza.
Para comprender lo ocurrido en Ceuta no podemos empezar la historia cuando miles de personas saltan una valla o cruzan a nado el mar. Muchos movimientos migratorios actuales están atravesados por siglos de colonialismo y por unas relaciones imperialistas y económicas profundamente desiguales. El expolio y control de recursos en países de origen, la deuda, los intereses de las grandes empresas transnacionales, las guerras y las intervenciones políticas y militares y las crisis climáticas acrecentadas por el cambio climático han condicionado la vida y limitado la soberanía de pueblos enteros.
España, las potencias europeas, Estados Unidos y las intervenciones de la OTAN tienen responsabilidades históricas y presentes en este orden. La misma Europa que extrae riqueza y recursos de otros territorios pretende después convertirse en una fortaleza para quienes intentan llegar hasta ella y salvar sus vidas. Nuestra solidaridad, nuestro anti-imperialismo, no consiste en escoger entre Estados o banderas, sino en estar junto a los pueblos y quienes viven de su trabajo.
Nombrar la concentración como “apoyo al pueblo de Ceuta” contribuye a señalar a un grupo concreto de personas (personas migrantes, indefensas, cuyos derechos humanos están siendo vulnerados) y alimenta una narrativa que incrementa el riesgo de más confrontación.
Reivindicamos respuestas políticas coordinadas, humanitarias y eficaces, y rechazamos cualquier forma de violencia dirigida contra personas vulnerabilizadas, señaladas y expuestas al odio.
Queremos dignidad, y una respuesta pública que deje de poner vidas en riesgo. Por todo ello, las organizaciones firmantes llamamos a no asistir a las concentraciones convocadas el 2 de septiembre en estos términos. No lo hacemos contra Ceuta ni contra su población, sino contra la utilización de esta crisis para enfrentar a quienes sufren unas fronteras que llevan demasiado tiempo acumulando violencia y muerte.
Rechazamos que el régimen marroquí utilice seres humanos para sus intereses geopolíticos; que PP y Vox conviertan esas vidas en combustible para la xenofobia y el nacionalismo; y que el PSOE y el gobierno de coalición, ahora Sumar y antes Podemos, desde sus diferentes responsabilidades, nos presenten como horizonte la continuidad de unas políticas migratorias que no han roto con la Europa Fortaleza.
Nuestra alternativa no es elegir quién administra la frontera. Nuestra alternativa es acabar con ella.
Quienes llegan no son responsables de nuestras condiciones de vida: su vulnerabilidad es aprovechada por gobiernos y patronal para imponer salarios y condiciones a la baja, mientras se les señala como culpables de problemas que no han creado. Nuestros salarios, los alquileres imposibles o el deterioro de los servicios públicos no los provoca quien atraviesa una frontera, sino un sistema en el que unos pocos acumulan cada vez más riqueza a costa de nuestro trabajo, mientras especulan con la vivienda, precarizan el trabajo y privatizan nuestras necesidades. No aceptamos que nos enfrenten bajo una falsa unidad nacional entre explotadores y explotados: quienes viven de su trabajo en Ceuta, Marruecos o cualquier lugar del mundo forman parte de nuestra misma clase. Estamos a ambos lados de la frontera.
En vez de enfrentarnos, necesitamos reconocernos en lo que compartimos y organizarnos para acabar con las políticas de miseria, construir poder popular y autogobierno desde abajo, para que quienes sostenemos nuestros pueblos, barrios y centros de trabajo podamos decidir sobre nuestras vidas, nuestros recursos y nuestro territorio. Un autogobierno que no reproduzca nuevas fronteras entre pueblos, sino que se construya desde el feminismo, la solidaridad y el internacionalismo.
Quieren que miremos hacia quienes sufren nuestras mismas miserias para que dejemos de mirar a quienes las producen y se benefician de ellas. No permitamos que lo consigan.
Nuestra solidaridad no termina donde empieza una frontera: está, como nuestra clase, a ambos lados de ella.




