El 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas. Desde la CNT alzamos la voz contra una de las expresiones más crueles y descarnadas del capitalismo patriarcal: la mercantilización y el tráfico de seres humanos. No es una conmemoración más, es una continuación directa de la lucha que, por ejemplo, ya inundó las calles de Logroño el pasado 8 de marzo en la manifestación convocada por este sindicato en apoyo a las mujeres y niñas, víctimas mayoritarias del patriarcado y su violencia institucional.
Las cifras de la vergüenza: una profunda asimetría de género
La trata abarca fines laborales, mendicidad forzada y delincuencia armada, además de la sexual, alcanzando a unos 50 millones de personas. Pero si analizamos los datos observamos una profunda asimetría de género. Según la UNODC, las mujeres y niñas representan el 61% del total de las víctimas en el mundo. Los menores en conjunto ya representan cerca del 40% de las víctimas totales. El tráfico de niñas específicamente aumentó un 38%.
Del total de víctimas mujeres (adultas y niñas) detectadas, más del 70% son traficadas exclusivamente para explotación sexual. En el caso de los hombres, más del 60% son traficados para trabajo forzoso / explotación laboral.
Pero ojo, cuando se aísla la explotación sexual (que sigue siendo una de las variantes más rentables y detectadas), la brecha de género es absoluta: el 92% de todas las víctimas registradas por explotación sexual en el mundo son mujeres. Diversos organismos locales (como el CITCO en España) elevan esta cifra hasta el 98% en sus balances de entornos de prostitución forzada. Y atención, casi un tercio son menores.
Las diferencias de género también se trasladan a la forma en que los tratantes retienen a las víctimas. En mujeres, predomina de manera masiva el abuso psicológico, físico y sexual continuo combinado con amenazas hacia sus familias. En hombres, suele fundamentarse en la servidumbre por deudas, amenazas legales, retención de documentación o coacción laboral.
Violencia Institucional: El Estado no protege, maltrata y revictimiza
No podemos desligar esta explotación de la complicidad y el abandono del aparato estatal. Recientemente, el segundo informe del Observatorio de Violencias Institucionales Machistas (OVIM) ha sacado a la luz datos demoledores publicados por El Salto. El sector judicial se consolida como el principal foco de violencia institucional, acumulando el 60,7% de las instituciones señaladas por ejercer malas prácticas, aplicar prejuicios sexistas y restarle credibilidad a las mujeres y menores.
Cuando el 94% de las instituciones señaladas impiden o dificultan el acceso a los derechos humanos y a las políticas públicas, queda claro que las víctimas de explotación no solo se enfrentan a las mafias y a los proxenetas, también se estrellan contra un muro burocrático y judicial patriarcal que las juzga, las maltrata, las desprotege y las revictimiza.
Exigimos a las instituciones dedicadas a reinsertar a las mujeres que han sido víctimas de trata que dejen de ser asistenciales, patriarcales y moralistas. Estas instituciones son financiadas con dinero público. Necesitan más fondos y mejor gestión.
Tanto para quienes han salido de las redes de trata como para quienes ejerzan la prostitución y quieran dejarla, promover que os trabajos que se les ofrecen como alternativa tengan mejores condiciones, así como que no sean siempre trabajos altamente feminizados. Por ejemplo, una alternativa que se propone desde las instituciones son los trabajos de cuidados como el de atención a domicilio, cuyas condiciones laborales son indignas. Promover mejores condiciones salariales en estos trabajos y más facilidades de acceso a los mismos para las mujeres que quieran dejar la prostitución deberían ser prioridad como sindicato. Exigimos al ministerio de trabajo un plan de reinserción sociolaboral a la altura, con facilidades, financiación y ofertas de trabajo dignas.
La cuestión de la prostitución
Aunque prostitución y trata no es lo mismo, no podemos dejar de mencionarla. La prostitución constituye un medio de vida que, desde el sindicato, se pretende erradicar. No se considera un trabajo para el que conseguir mejoras.
En cuanto a las mujeres que ejercen por cuenta propia, entendemos que son una minoría y, por tanto, no el grueso del problema. Las mujeres trans en situaciones más precarias también se encuentran en muchos casos asociadas a esta forma de explotación. Partimos siempre del diálogo y la escucha, pero en ningún caso apoyamos medidas que favorezcan a proxenetas y explotadores.
Debemos contribuir a la no estigmatización de las prostitutas, para acabar, en la medida de lo posible, con el miedo a la denuncia debido al rechazo social. El combate contra la estigmatización comienza por escucharnos unas a otras. Por ello también exigimos la derogación de la ley mordaza que facilita la criminalización de las prostitutas que ejercen en la calle.
Finalmente, entendemos también que, incluso en las condiciones laborales más óptimas, ésta no debería ser una forma de vida en un sistema patriarcal, puesto que son en su mayoría hombres quienes consumen otros cuerpos y, en su mayoría, mujeres -y niñas- las que los ofrecen. En este sentido, no aceptamos que los puteros sean simples consumidores de un servicio más. El consumo de prostitución se basa en el poder y la propiedad de los hombres sobre las mujeres. El pago por un servicio sexual implica entender el cuerpo de otra como un bien de consumo, como una persona no tenemos que negociar, con la que podemos poner en práctica nuestros deseos sin atender a los suyos. Supone un apuntalamiento de la masculinidad hegemónica, donde el deseo de los hombres se sitúa en la cúspide de las relaciones, independientemente de quien lo ejerza lo haga de forma voluntaria.
Lo que no debemos olvidar
Desde CNT queremos añadir un punto clave que a menudo el capitalismo rosa y las instituciones pretenden invisibilizar: la Ley de Extranjería es una herramienta fundamental para las mafias de la trata.
Al mantener a miles de mujeres y hombres migrantes en la irregularidad administrativa, se les niega el acceso a un empleo digno y se las empuja a los márgenes del sistema, dejándolas en una situación de extrema vulnerabilidad que los explotadores aprovechan. Exigir la abolición de la explotación sexual exige, obligatoriamente, exigir la derogación de la Ley de Extranjería y el cierre de los CIES. No habrá libertad real mientras las fronteras del capital sigan precarizando las vidas de nuestras compañeras.



